La historia de Chiara Corbella Petrillo

Chiara Corbella nace en Roma el 9 de enero de 1984. Junto a su hermana Elisa, dos años mayor, crece en una familia que le enseña a acercarse a la fe desde niña. Gracias a su madre Maria Anselma, desde los cinco años, Chiara frecuenta una comunidad de Renovación Carismática. En este camino aprende a hablar con Jesús como a un amigo. Él le enseña sobre todo a compartir la fe con los hermanos de camino. Con el pasar de los años, nace en ella una cierta autonomía que la pone muy determinada en sus decisiones. Su temperamento es tranquilo, no rebelde, y se expresa en el servicio a los demás.

El noviazgo con Enrico

En el verano del 2002 Chiara se va de vacaciones en Croacia con algunas amigas de escuela. Su hermana estaba en Medjugorje (en Bosnia y Herzegovina), así que decidió alcanzarla aprovechando de la cercanía. Aquí el 2 de agosto se encuentra con Enrico Petrillo, un chico de veintitrés años, de peregrinaje con su comunidad de renovación carismática. Chiara, que entonces tenía dieciocho años y nunca había tenido novio, intuye  de estar delante de su futuro marido.

Volviendo en Roma, los dos salen juntos, se conocen y se comprometen. Es una relación, en algunos aspectos, ordinaria, con peleas, rupturas y pacificaciones. Durante los seis años de noviazgo, el Señor pone a dura prueba la fe de Chiara y los valores en los cuales ella piensa de creer. Tanto que hablará de este momento como el periodo más difícil que tuvo que afrontar, más duro de la enfermedad.

 “Después de 4 años, nuestro noviazgo empezó a tambalear hasta que rompimos – ha escrito Chiara en sus apuntes – En aquellos momentos de sufrimiento y de rebelión hacia al Señor, porque pensaba que Él no escuchase mis oraciones, participé a un Curso Vocacional en Asís y allí encontré otra vez la fuerza de creer en Él, probé a salir de nuevo con Enrico y empezamos a ser guiados por un Padre Espiritual, pero el noviazgo no funcionó hasta cuando no he entendido que el Señor no me estaba quitando nada sino donando todo y que sólo Él sabía con quién tenía que compartir mi vida y que, quizás, ¡yo no había entendido nada todavìa!”

La boda, Maria Grazia Letizia y Davide Giovanni

Superados los miedos, Chiara y Enrico se casan en Asís el 21 de Septiembre del 2008. Padre Vito es quien celebra la boda, fraile menor y guía espiritual de los dos. Cuando regresan de la luna de miel, Chiara descubre de estar embarazada. Pero las ecografías muestran una grave malformación. A la niña, que se llamará con el nombre de Maria Grazia Letizia, le diagnostican una anencefalia. Chiara y Enrico deciden de seguir adelante con el embarazo y la pequeña, que nace el 10 de Junio de 2009, muere una media hora después. El entierro, unos días después, se vive en la misma paz que ha acompañado los meses de espera y que contagia también muchos de los presentes, quienes reciben la gracias de vivir un

Unos meses después Chiara está de nuevo embarazada. A este niño, que se llamará con el nombre de Davide Giovanni, le diagnostican una grave malformación visceral en la pelvis, con ausencia de los miembros inferiores. También él irá a morir poco después de nacer, el 24 de Junio de 2010. Y también su funeral será vivido como una fiesta.

 “En el matrimonio – escribe Chiara en sus apuntes – el Señor ha querido darnos unos hijos especiales: Maria Grazia Letizia y Davide Giovanni, pero nos ha pedido de acompañarlos sólo hasta sus nacimientos, nos ha permitido de abrazarlos, bautizarlos y ponerlos en las manos del Padre con una serenidad y gozo sorprendente”.

Entre las patologías de los dos niños no hay ninguna conexión. A demostración de esto, hay unos resultados de los test genéticos, a los cuales Chiara y Enrico se someten cediendo a las presiones de amigos y parientes; pero sobre todo hay el hecho que el tercero hijo de la pareja, Francesco, es completamente sano. El embarazo llega poco después del nacimiento al Cielo de Davide Giovanni. Una semana después de haber descubierto de estar embarazada, Chiara se da cuenta de una lesión sobre la lengua. Con la fundada sospecha de que se trate de un tumor, el 16 de Marzo de 2011 Chiara enfrenta, durante el embarazo, la primera de las dos fases de una intervención para extirpar la masa en la lengua.

Para la segunda fase, se necesitará atender el nacimiento de Francesco. Acertado que se trata de un cáncer en la lengua, que llamará el dragón, Chiara decide de posponer las curas para no hacer daño al niño que lleva en su regazo. Al contrario, elige los médicos que la seguirán en base al tiempo que le conceden antes de inducir el parto. Espera hasta cuando le esté permitido atender, y también más allá.

 “Por la mayoría de los médicos – escribe Chiara – Francesco era solo un feto de siete meses. Y la, que tenía ser salvada era yo. Pero yo no tenía ninguna intención de poner en riesgo la vida de Francesco en base a unas estadísticas por nada seguras que querían demostrarme que tenía que hacer nacer mi hijo prematuro para poderme operar.”

Francesco Petrillo nace el 30 de Mayo de 2011. Finalmente el 3 de Junio, con la misma hospitalización del parto, Chiara enfrenta la segunda fase de la intervención empezada en Marzo. Cuando regresa a casa, en cuanto puede, empieza la quimioterapia y radioterapia pero el tumor ya se había extendido afectando los nodos linfáticos, pulmón, hígado e incluso el ojo derecho, que Chiara cubrirá con un vendaje para limitar las dificultades de vista.

El nacimiento al Cielo

La foto de Chiara sonriente con el vendaje es extraordinaria si se considera que fue tomada en Abril de 2012: desde más o menos diez días Chiara había descubierto de ser una enferma terminal. En las semanas siguientes, pasadas juntas a su marido y lejos de la ciudad, en la casa de familia cerca del mar, Chiara se prepara al encuentro con Su Esposo. Sostenida por los sacramentos suministrados cada día por Padre Vito, que  comparte con ellos este tiempo intenso, Chiara y Enrico son más que nunca fuertes de la fidelidad de Dios que siempre los ha acompañados en una misteriosa felicidad.

Chiara muere al mediodía del 13 de Junio de 2012, después haber saludado a todos, parientes y amigos, uno por uno. Después haber dicho a cada uno: “Te quiero”.

Su funeral fue celebrado en Roma el 16 de junio de 2012 en la iglesia Santa Francesca Romana en el Ardeatino. Las personas que llegaron eran muchísimas. El Cardenal Agostino Vallini, presente a la celebración, dice: “lo que Dios ha preparado atreves de ella, es algo que no podemos perder”. Como los funerales de sus hijos, también esta celebración cristiana llega a ser testimonio cristiano del inicio de una vida nueva.